Editorial. De lo improbable y la ley de los grandes números
La reciente mejora de las tecnologías de exploración del universo nos ha permitido, en muy pocos años, confirmar que muchas estrellas, más o menos lejanas, poseen sistemas planetarios. Con el tiempo, es de esperar que podamos confirmar que alguno de ellos contiene o ha contenido alguna forma de vida. Hasta que eso ocurra, la Tierra es el único planeta en el que podemos constatar fehacientemente que la vida apareció hace unos 3.800 millones de años y que no solo ha dado lugar a millones de formas distintas e interrelacionadas, sino que además ha sido capaz de modificar a escala global las condiciones físicas del planeta. Por ejemplo, el oxígeno de la atmósfera tiene un origen biológico.
Sabemos que la Tierra se formó hace 4.500 millones de años y que la vida apareció en unas condiciones extremas muy diferentes de las actuales. En el mundo prebiótico fue necesario sintetizar progresivamente, y utilizando el carbono como base de la química orgánica, aminoácidos con capacidad reactiva, membranas hidrófobas capaces de aislarse del medio y azúcares que actuaran no como fuente de energía, sino como transmisores de información. Una vez alcanzado el hipotético ancestro común universal (LUCA), entró en juego la evolución con su ley inexorable: la selección ambiental de los organismos mejor adaptados que, en palabras de Darwin, ha dado lugar a través del tiempo a «formas sin fin». No hay que olvidar que más del 90% de las especies que han habitado el planeta están hoy extintas. Y todo ello ha ocurrido de forma estocástica y sin una finalidad predeterminada.
El planeta ha sufrido al menos cinco grandes eventos naturales de extinción masiva y actualmente se encuentra inmerso en un sexto provocado por la acción humana. Si algo demuestra el registro fósil es que, una vez originada, la vida es resiliente y se renueva cíclicamente de forma dinámica. Pero también muestra que el componente contingente de la evolución solo dio lugar, tras la última gran extinción, a una forma de vida inteligente (sic) y consciente, lo que nos confiere una enorme responsabilidad.
Desde el MNCN asumimos el reto y durante ya más de dos siglos trabajamos tratando de discernir cómo funcionan los procesos naturales, cómo preservar las condiciones del planeta que nos acoge o cómo se distribuyen las especies con las que convivimos, entre otros aspectos de las Ciencias Naturales. Contenidos que NaturalMente, una apuesta digital por la divulgación científica, ha ido reflejando en cada número. Hoy alcanzamos el número 50 y seguimos...